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Carlos Pérez Anadón

Portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Zaragoza

    
Conoce mi declaración de bienes
Biografía

Soy Carlos Pérez Anadón, nacido en Zaragoza el 17 de octubre de 1957 en lo que hoy conocemos como hospital Miguel Servet. Luego crecí en Fuentes de Ebro, haciéndome un chico de la ribera, con un pie allí y otro en la capital. Ahí conocí a Carmen Soro, con la que comparto mi vida desde 1984 y con la tengo dos hijos. Son mi refugio afectivo y familiar.

Mi infancia transcurrió en Fuentes de Ebro, estudiando en su colegio público hasta los 14 años. Entonces me trasladé a Zaragoza para cursar el Bachiller Superior en el Instituto Ramón Pignatelli, del que guardo un maravilloso recuerdo por el profesorado que me enseñó y el ambiente que crearon en lo que era el primer mixto de la ciudad.

Mi siguiente paso académico fue en la Facultad de Derecho de Zaragoza, estudios que no acabé, pues antepuse mis sueños políticos a otros objetivos más inmediatos. Fui al Servicio Militar al lugar más lejano que encontraron en aquella época, con la prórroga denegada por mi postura ideológica.

Desde principios de los años 80 soy funcionario del Ayuntamiento de Zaragoza.

Soy socialista por genética y vida. Milito en organizaciones socialistas desde que cumplí los 18 años. Esos tiempos convulsos marcado mi trayectoria vital, años trascendentales para nuestro país y para Zaragoza. La política y el socialismo son para mí las mejores palancas para cambiar la sociedad, modernizarla y hacerla más justa. Nuestro sueño de igualdad.

Siempre he vivido mis responsabilidades políticas desde el prisma de un servidor público, elegido para trabajar desde unos valores, los socialistas, que considero los mejores. Valores a favor de la igualdad de derechos, la tolerancia, el progreso social, el reparto solidario, el humanismo. Todo ello con la flexibilidad necesaria en las actuaciones, aceptando que debes contraponer tu verdad a la de los otros, pero entendiendo la necesidad de buscar acuerdos. Porque los pactos nos permiten seguir adelante en la consecución y consolidación de los derechos que representan esos valores.

De mi época en la Administración General del Estado tengo que resaltar mis inicios en la Delegación del Gobierno, siendo el delegado más joven de España. Fue un tiempo marcado por graves problemas terroristas en Zaragoza pero que nos permitió, a la vez, reforzar los pilares básicos de una sociedad de derechos ciudadanos. Sobre todo la Educación y la Sanidad, entonces competencias del Estado y de los gobiernos presididos por Felipe González.

Educación y Sanidad públicas fueron y son temas nucleares de los socialistas, dentro de la idea de una España diversa y multicultural. También en mi vida personal y familiar. Con estos conceptos y el criterio de la unidad de cuenca, en medio de tensiones territoriales, trabajé desde la presidencia de la CHE. Me empleé a fondo en esta labor de unir y cerrar acuerdos, porque es el mejor y casi único camino para avanzar.

Soy de los que piensa que el trabajo no tiene reloj, a veces en detrimento de tu vida personal, porque la política consume muchas horas de esfuerzo y pide mucha dedicación. Tener delegada por los ciudadanos la responsabilidad de gestionar sus asuntos es un encargo que pesa y te impone dedicación y respeto. Yo además le he puesto pasión.

Mi inicios en la vida local fueron en un pequeño Ayuntamiento, aprendiendo a escuchar a los vecinos y a encontrar soluciones desde la cercanía física y social. He tenido unos años de reposo político en las instituciones, cuando la ola conservadora mandó al PSOE a un segundo plano. Pero la política seguía ahí, para luchar si cabe con mayor convencimiento y afecto.

A aquella experiencia municipal desde abajo, en el pueblo que me vio crecer, puedo sumar la que después me ha dado el Ayuntamiento de Zaragoza, institución que conozco desde muchos ángulos de la gestión y ciudad por la que he trabajado con dedicación y pasión. Con los valores socialistas como bandera, el diálogo como bastón y la decencia como compañera.