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Respeto para los vecinos de Parque Venecia

Si la crisis económica no hubiera llegado con la virulencia con la que lo hizo, las familias que viven en Parque Venecia tendrían en frente a otros vecinos en un barrio casi tan nuevo como el suyo, y tendrían un puente y más accesos para llegar a la zona. Probablemente nunca se hubiera hablado de atascos y problemas para entrar y salir del barrio y de la cercana zona comercial, que se ha convertido en un verdadero foco de atracción.Pero la realidad no es siempre como se quiere o como se planifica. La crisis llegó para quedarse e impidió que el amplio suelo que los vecinos de Parque Venecia ven desde sus ventanas, al otro lado del canal, se convirtiera en ciudad. Y son esas dificultades sobrevenidas las que ponen en marcha la negociación política posterior y la búsqueda de soluciones, porque la falta de desarrollo de los suelos cercanos a Parque Venecia convirtió en inviable el puente que iba a unir los dos barrios.

El PSOE quiso que los vecinos de Parque Venecia tuvieran mucho peso en la toma de decisiones. No fue un pacto fácil, pero se llegó a acuerdos. La Junta de Compensación cumpliría con sus obligaciones y aportaría los 600.000 euros — en los que se cifraba su participación en la construcción del puente– para soterrar una línea eléctrica de alta tensión que cruza el barrio, acondicionar los caminos que conectan el sector con la ribera de canal y la zona verde aledaña y arreglar una parcela que tiene problema de evacuación de pluviales.

Hoy muchos meses después de este acuerdo, el Urbanismo que gestiona Pablo Muñoz de Zaragoza en Común (ZeC) opta por sustituir el soterramiento de la línea ( y quizá todo lo demás) por la mejora de la salida desde la calle Tiziano. La mejora de accesos es una necesidad evidente que el PSOE cree que hay que afrontar, pero no con ese dinero, sino con las inversiones que se plantee Urbanismo, porque es un problema que no sólo afecta al barrio. Es un problema de ciudad. Pero, incluso por encima de esta convicción, lo que trastoca y alarma es que ZeC, que se autodenominó defensor a ultranza de la participación cambie los acuerdos de manera unilateral. Sin descolgar un teléfono, sin hablar con los vecinos. Sin hablar con la Junta de Distrito. Y cuando se le afea al consejero de Urbanismo, Pablo Muñoz, una conducta tan poco responsable, colaborativa y transparente, éste esgrime castigos apocalípticos para el barrio, como la pérdida del dinero y el cierre del expediente.

Es una forma de ser y también de hacer política. Pero podía tener la deferencia de que tuviera algo que ver con la exactitud, con la realidad, y con la verdad. Quien retrasa el expediente es quien lo tiene parado desde hace 8 meses. Quien lo cambia sin contar con nadie sigue siendo este alevín de Pedro Santisteve. Además, la Junta de Compensación no ha variado su postura y sigue dispuesta a aportar los 600.000 euros, pero quiere hacerlo con acuerdo vecinal para cerrar ese capítulo sin riesgo a futuras reclamaciones. Y sólo se cierran los expedientes que se quieren cerrar que, además, se pueden reabrir con cualquier acto administrativo.

Los socialistas han defendido el acuerdo adoptado en la primavera del año pasado. Es verdad. Y en este nuevo debate sobre Parque Venecia lo único que han dicho es: si hay que cambiar algo, cámbiese, pero teniendo en cuenta el criterio de los vecinos que viven allí. Actuar de otra manera es muy parecido a saquear ese patrimonio que ya es de los vecinos, o como sugiere el título de una película de Woody Allen, “Toma el dinero y corre”. Porque será peor sospechar que la participación y la transparencia a fuerza de impostura tiene la opacidad del ordeno y mando.

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